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¡Increíble pero cierto! Hoy en día todavía quedan piratas sueltos por ahí, solo que la mayoría no tiene garfio, ni los persigue un cocodrilo, ni mucho menos tienen un parche en el ojo. Los hay de diferentes tipos y acá te damos unas pistas para detectarlos.
Pero antes de empezar, ¿qué es un pirata y qué es la piratería? Wikipedia, la enciclopedia libre, dice que “la piratería es una práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo, probablemente tan antigua como la navegación misma”. La piratería en este sentido consistía en que una embarcación atacaba a otra en mar adentro para robarle sus pertenencias, raptar a sus integrantes o apoderarse de la nave.
Además de los piratas existían también corsarios, que eran contratados por embarcaciones que atacaban a otras naves de un país enemigo. El corsario más famoso de la historia es Francis Drake y uno de los piratas más conocidos, Henry Morgan, de seguro que has oído hablar de alguno de ellos.
Tipología de los piratas:
(Prepárate porque acá te revelamos secretos nunca antes dichos)
El malo remalo:
Este es el clásico superperverso. Le cuesta mucho dejarse querer y se esmera en hacerse el “malísimo”.
A veces lo consigue: engaña a la gente, se queda con lo que no es suyo y se alegra del mal ajeno. No hay que tenerle miedo pero sí cuidarse y protegerse. ¡Si se quiere algo, hay que conseguirlo con el propio esfuerzo y trabajo, no quitándoselo a los demás!
El caza-tesoros (o vendido):
No es que sea una mala persona, sino que se considera muy inseguro y se deja convencer de los demás. Así que va por la vida buscando que lo recompensen por sus obras, en espera de que los demás le den siempre algo a cambio. Tiene que aprender a quererse más, sentirse más seguro de sus capacidades y dar con generosidad.
El roba-corazones:
Este es un personaje que se presenta de dos maneras. 1) Puede tratarse de una persona envidiosa que les quita las novias y sueños a quienes están a su alrededor, posiblemente porque les tenga un poquito de envidia, o 2) puede ser una persona superagradable y simpática que se hace querer por los demás y se “conquista” su atención por su buena actitud. Evalúa tú el tipo de pirata que tienes enfrente, mírale con atención su corazón…
El quita-ideas:
Este es un modelo de pirata muy común y anda por ahí suelto haciéndose el loco. Se acerca sigiloso como si no fuera con él, escucha, pregunta, observa y cuando menos te lo esperas,…. ¡zas! Entrega un trabajo en el cole firmado por él, inventado por ti, sin firma ni permiso tuyo. Al final las personas se aburren del quita-ideas pues pierden la confianza en él.
El conquista sonrisas:
este es el pirata más común de los mares del Caribe. Es un tipo bonachón, simpático, cómico, cuenta chistes, cálido, querendón que se le cruza uno a veces en la vida, o se le sienta en el pupitre de atrás, y le hace más feliz la existencia. El tipo conquista risas y como las risas se multiplican, él y tú se hacen más ricos. ¡Ganan todos!
¡Por qué robar es mala idea!
A veces pareciera que robar o quitar lo ajeno fuese
fácil y cómodo. Todos los textos sagrados del mundo
dicen que NO se debe hacer. Los motivos son muchos y
acá te contamos algunos:
* Se lastima mucho a las personas que están alrededor.
* Se destruye la confianza.
* Nadie debería hacer al otro lo que no quiere que le hagan a él.
* Lo que rápido llega, rápido se va…
* Lo que uno hace a los demás, como el bumerán, se le devuelve.
* Es una manera segura de quedarse sin amigos.
* Los ladrones viven muy estresados y siempre están pensando que los van a descubrir.
* No pueden mirar a los ojos a las personas. Se nota que esconden algo y no hay nada más agradable que vivir sin culpas.
Los grandes robos no son los únicos que causan daño. El robo también puede ocurrir en la vida cotidiana en el colegio, en la casa, en el barrio o en la ciudad y los pequeños robos pueden llevar a otros más grandes. Así que ojo con hacer trampa, coger lo que no es tuyo a escondidas, apropiarse de las pertenencias de los demás, robarse el puesto de alguien en una fila, aprovecharse de alguien más débil para ganar algo, aceptar que otros roben sin hacer nada al respecto.
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