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Por supuesto que resulta superdivertido compartir, prestar cosas, ser generoso y buena gente con las otras personas, pero otra cosa es dejarse quitar lo que a uno le pertenece. Es todo un arte reclamar lo propio y acá te vamos a dar unos tips para hacerlo. ¿Listo?
1. Tu nombre, tu número de identificación, tu personalidad, tu individualidad, tu especialidad, tu unicidad... ¡Son tuyos, te pertenecen, hacen parte de ti!
2. Tus recuerdos, tus raíces, tus memorias, las historias que te han contado tus abuelos, la procedencia de ellos, tu árbol genealógico y las cosas que te quedaron en el corazón cuando eras un bebé, son parte de tu historia personal y de lo que eres ahora, así que son de tu propiedad. ¡Busca tus raíces a través de tu propio árbol genealógico!
3. Tu cuerpo. El cuerpo es el templo del alma y tienes derecho a exigir que sea siempre respetado. Hay que comer bien, beber mucha agua, hacer buen ejercicio, mantenerlo aseado y cuidarlo mucho-mucho. Es una de tus mayores riquezas porque él es el medio de “transporte” con el que te moverás a lo largo de tus días en esta vida.
4. Tus sueños y metas, lo que quieres ser cuando seas grande, los países que te encantaría conocer, los viajes que deseas hacer, las experiencias que en el futuro anhelas vivir... ¡Todo eso hace parte de lo que tú eres!
5. Tu novio o novia. ¡Tal como lo oyes! Tu mejor amigo o amiga no tiene derecho a coquetearle. ¡O prueba a preguntarle
a ella/él si le gustaría que tú hicieras lo mismo con su pareja a ver qué te responde! Tú tienes derecho a esperar lealtad.
6. Tus secretos. Tienes derecho a tener un diario y escribir en él tus emociones y vivencias y no dejárselo ver a nadie que tú no autorices. Hace parte de tu vida privada y es una manera sana de desahogarse y expresarse.
“Lo que es de uno es de uno”, decían con razón las abuelitas. El respeto es la base de las relaciones, tanto las familiares, las escolares, las profesionales y las amistosas. Así que es bien importante tener claro que:
Cada persona tiene derecho a poner SUS límites.
No hay que ir por ahí juzgando o criticando lo que hacen los demás, porque nosotros no estemos de acuerdo.
Cada persona debe respetar el límite que puso el otro.
El tesoro más grande que uno puede tener es su VIDA, SU CUERPO, SU CORAZÓN y EMOCIONES, su MEMORIA, su PERSONALIDAD y su MISIÓN en la VIDA. ¡Hazte dueño ya de lo tuyo y empieza tú por respetártelo para que los demás lo hagan!
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