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El pasado 4 de julio se reportó por primera vez la confirmación de la existencia del bosón de Higgs, llamada la partícula de Dios. Es sin duda uno de los descubrimientos científicos más grandes de la ciencia en las últimas décadas. Veamos de qué se trata.
¿De qué está formado el universo?
Todo lo que ves está formado por átomos. Los átomos son como diminutos sistemas solares, con un núcleo central y unos cuerpos girando rapidísimo alrededor, llamados electrones.
El núcleo está a su vez formado por partículas energéticas más pequeñas, llamadas protones y neutrones.
Los protones y neutrones están formados por partículas más pequeñitas aún: los quarks. Hasta el momento se cree que quarks y electrones son indivisibles (o sea que son la base de todo) y por eso se les llama partículas elementales.
Un problema de peso...
Los electrones se mueven rapidísimo, como sardinas en el agua, mientras que los quarks son muy lentos, como ballenas. Para cuantificar estas diferencias, los científicos hablan de diferencias en la masa, que hacen que los quarks sean 350.000 veces más pesados que los electrones (¡como la ballena lo es en comparación con la sardina!).
Pero si son ambas partículas de energía..., ¿cómo se explica la masa?, ¿qué hace que unas partículas se muevan más lentamente que otras?
Una teoría propuesta hace más de cincuenta años
En la década de 1960 Peter Higgs y otros colegas propusieron que el espacio “vacío” del universo en realidad no está vacío, sino que se compone de una red de partículas elementales de energía (llamadas bosones). La red se denominó luego campo de Higgs, constituido por bosones de Higgs. La hipótesis es que los bosones interaccionarían más con cierto tipo de partículas (como los quarks) que con otras (como los electrones) haciendo que unos se muevan más rápido que otros. ¡En pocas palabras, no hay nada vacío!.
El gran descubrimiento
Hace unos días, por primera vez en la historia se pudo probar científicamente la existencia de los bosones de Higgs, por lo que la teoría de los años sesenta se ratifica y se completa un capítulo muy importante en el conocimiento de nuestro universo.
¿Y entonces por qué se le llama la partícula de Dios?
Realmente no tiene nada que ver con religión. Durante décadas científicos de todo el mundo intentaron infructuosamente probar la existencia de los bosones de Higgs. En los años noventa Leon Lederman, premio nobel de física, publicó un libro titulado The Goddamn Particle (Partícula maldita por Dios), porque nadie podía encontrar los bosones de Higgs. ¡El editor del libro, sin embargo, imprudentemente cambió el título original por Partícula de Dios y así se quedó!
¿Dónde se probó la existencia de la partícula de Dios?
Fue fruto de los experimentos realizados en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) en Suiza, que es el acelerador de partículas más grande que existe en el mundo y una de las maravillas tecnológicas del mundo moderno.
El LHC consiste en dos túneles circulares de 27 km de largo que están a 100 metros de profundidad. A través de los túneles se disparan estas partículas energéticas y se las hace chocar, generando una cantidad de energía muy cercana a la que causó el origen del universo hace 13.700 millones de años.
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