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El fin de la Espeleología es la exploración de las cavernas y su estudio. Esta actividad surgió como tal a finales del siglo pasado en Francia, pero fue hasta hace pocos años que se extiendió por Europa.
En su faceta deportiva, ofrece las emociones de las grandes aventuras en la
naturaleza. En el transcurso de un fin de semana o en un solo día, el espeleólogo puede sentirse trasladado a un mundo tan remoto como puedan serlo las profundidades marinas o la superficie de otro planeta.
Desde las cómodas cuevas horizontales hasta las más grandes profundidades, pasando por complicados laberintos, hay todo tipo de cavidades que requieren
distintos niveles de preparación y de experiencia.
La práctica de este deporte requiere cierta preparación física pero es aún más importante la preparación mental. El aislamiento en un entorno donde se pierden las referencias tanto temporales como espaciales y la certeza de estar en ocasiones muy lejos de la salida afectan psicológicamente si no se está preparado para hacerlo.
En una exploración compleja, la autosuficiencia y el espíritu de equipo son fundamentales. El mundo subterráneo puede ser fantástico o terrible según la preparación o predisposición del visitante. Como actividad científica, atrae la atención de geólogos, biólogos, arqueólogos y muchos otros que ven en las cavidades subterráneas un entorno adecuado para la investigación.
Desde hace muchos años y hasta nuestros días, las cuevas han sido refugio y hábitat de muchas culturas, y es uno de los lugares donde los arqueólogos, antropólogos y paleontólogos desarrollan su labor.
Los animales de los espacios subterráneos se han adaptado a este extraño mundo, pues perdieron sus pigmentos y la visión, y desasrrollaron a cambio toda una serie de sentidos y estrategias de supervivencia en la oscuridad.
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