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¿Qué tienen en común elefantes, ballenas y murciélagos? En primera instancia no vemos que es lo que une a este variado grupo. Sin embargo, estas criaturas son capaces de comunicarse de manera que escapa al oído y la percepción humana, a través de la emisión/recepción de sonidos de muy baja o muy alta frecuencia.
El caso más conocido es el del murciélago, con ojos tan diminutos que apenas distinguen luz de oscuridad, y que sin embargo es capaz de atrapar los insectos de que se alimenta en la más profunda de las noches. Su método de orientación y captura es el de la ecolocación, mediante la emisión y recepción del rebote de ultrasonidos, de la misma forma que lo hace un sónar. Los ultrasonidos son vibraciones acústicas cuya frecuencia está por encima del límite perceptible por el oído humano, y el murciélago disponen de una faringe de fuerte musculatura y cuerdas vocales muy desarrolladas para poder emitirlos, así como de receptores adaptados.
Por otro lado, se ha señalado que los elefantes son capaces de comunicarse a través de infrasonidos, que son sonidos de frecuencia más baja a la perceptible por nuestro oído, y que pueden recorrer varios kilómetros, llevando mensajes de una un punto a otro de la selva. Esta es la explicación de cómo elefantes alejados durante largos períodos de la manada súbitamente se dirigen al punto exacto donde ésta se encuentra, o cómo lo hacen justo cuando una hembra está en celo.
Las ballenas, delfines y otros cetáceos como las marsopas, además de sus característicos cantos y chillidos, utilizan los sonidos de baja frecuencia para ubicarse y comunicarse en el vasto océano.
Algunos peces de agua dulce que se encuentran en Sudamérica y Sudáfrica son capaces de generar, mediante músculos y nervios especializados, campos eléctricos para señalar, atontar e incluso matar la presa. La anguila eléctrica tiene una potencia increíble, provocando descargas de más de 550 voltios varias veces por minuto, lo que le permite dar cuenta con facilidad de los peces menores de los que se alimenta.
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